Camila
Estaba parada frente al escritorio de Ramiro, esperando sus indicaciones.
La verdad es que quería irme de ahí desde antes de haber entrado.
—Entonces, Camila, como la más competente del equipo —dijo, inclinándose hacia adelante con esa sonrisa que me revolvía el estómago—, he decidido que tú te encargues de la organización de la fiesta de Navidad de la empresa.
Ahí estaba. La “propuesta” disfrazada de orden. Quise suspirar con frustración, pero solo asentí.
—Por supuesto, señor—, respo