Felipe
Llegué a la oficina un poco más tarde de lo habitual, con un café en la mano y los lentes de sol puestos porque, bueno, era yo.
Todo iba normal hasta que, a lo lejos, vi una figura familiar. Y no precisamente en el buen sentido. Doña Angélica.
Ahhh no, esta vez no me va a atrapar.
Me detuve en seco y retrocedí un paso, buscando la ruta más rápida para desaparecer. No podía lidiar con ella ahora; seguramente venía con otra de sus “brillantes” ideas para "supervisar" a Joaquín o, peor a