Camila
—Dame cinco minutos, —le dije, señalando hacia el baño mientras él seguía riendo—. Voy a quitarme esto antes de que se me caiga la poca dignidad que me queda.
Él asintió sin dejar de reír, acercándose a la encimera para buscar unas copas.
—Tómate tu tiempo, mi reina, —dijo con la voz ronca de tanto reírse—. Aunque tengo que decir que la versión ogro tiene su encanto.
Bufé y agarré una toalla limpia antes de desaparecer en el baño. Me miré en el espejo y sacudí la cabeza.
Mi rostro estaba