Joaquín
Sentí cómo la rabia subía por mi cuerpo, golpeándome en el pecho como un puño cerrado.
Me obligué a mantener mi expresión neutral, pero no pude evitar apretar los dientes.
Javier había cruzado una línea, y él lo sabía.
—Mi madre no está disponible para cenas o citas de ningún tipo, —respondí con frialdad, inclinándome hacia él. —Y te sugiero que te concentres en lo que estamos discutiendo aquí. No mezcles lo personal con lo profesional.
Su sonrisa se desvaneció, y carraspeó antes de