Camila
No me quedaba de otra. Crucé los brazos, enfadada, y asentí con un bufido.
—Está bien, pero no lo hagas más incómodo de lo que ya es, ¿sí? —dije, a punto de estallar de vergüenza.
Joaquín asintió y comenzó a caminar hacia su auto. Yo lo seguí, todavía maldiciendo en mi mente por todo lo que había pasado hoy.
"Esto no podía ir peor, ¿o sí?"
Cuando llegamos a su auto me detuve en seco, boquiabierta.
Frente a mí estaba un auto que no tenía ningún sentido para alguien que se suponía que era