Camila
Después de tantas semanas de hospital, después de lágrimas, miedo, oraciones y milagros, por fin, ese día había llegado: Ana Clara recibía el alta médica.
Nuestro pedacito de cielo, tan pequeñita al nacer, tan fuerte como una guerrera, al fin podía ir a casa.
No podía dejar de mirarla, envuelta en esa mantita rosa con la que la enfermera la había dejado lista.
Tenía los ojos cerrados, las mejillas regordetas y suaves, y sus diminutas manos se aferraban a la tela como si ya supiera que e