Joaquín
No tenía fuerzas ni ganas de separarme de mi mujer.
No quería dejar de compartir con ella toda la felicidad que yo estaba sintiendo en ese momento.
Su cabeza estaba apoyada en mi hombro. Mi mano acariciaba su cabello. Dejaba besos en su cabeza de vez en cuando.
—Todavía no me lo creo —susurré emocionado, mientras trazaba círculos invisibles en su vientre—, que ahí dentro está nuestro bebé.
Mi reina levantó la mirada y me regaló esa sonrisa con la que lograba hacerme olvidar de todo l