Angélica
Estaba sentada en el patio de mi casa, disfrutando del aire fresco y del almuerzo.
No saber nada de Socorro me tenía en alerta. Sabía que mi hija no era de las que se quedaban derrotadas. Su carácter rencoroso y su orgullo enfermizo la impulsaban a buscar venganza.
Y si aparecía otra vez… temía por Samuel, por mí, por todos nosotros.
Suspiré, pasando una mano por el brazo, tratando de sacudir esos pensamientos cuando oí los pasos rápidos de mi nieto acercándose.
Samuel se acercó con s