Joaquín
Ver a mi esposa tan pálida y débil me estaba matando por dentro.
No podía pensar en otra cosa más que en mantenerla consciente.
No dejé de observar cada gesto y movimiento que hacía de camino al hospital.
—Casi llegamos, mi reina —murmuré, aunque no sabía si era para tranquilizarla a ella o a mí—, aguanta un poco más...
El coche se detuvo bruscamente frente a la entrada de urgencias. Apenas Andrés abrió la puerta, yo ya estaba bajando a mi mujer.
—Tranquila, estamos aquí —le dije, ro