Inicio / Romance / Un Año Contigo / CAPÍTULO 3: UNA OFERTA DEMASIADO PELIGROSA
CAPÍTULO 3: UNA OFERTA DEMASIADO PELIGROSA

No dormí esa noche, cada vez que cerraba los ojos, veía el cheque, el que podría haber sido mío, podría haber salvado todo.

También veía la cara de Andrés Córdova, su mirada fría, tono seguro y la pregunta que me había hecho sentir desnuda.

¿Quién eres realmente?

No supe responderla entonces.

Tampoco supe responderla cuando el sol salió, a las ocho de la mañana, mi teléfono vibró. No era el propietario, era un número desconocido.

Lo ignoré, vibró otra vez, lo ignoré otra vez, a la tercera, respondí.

—¿Sí?

—Paula, soy Andrés.

Su voz sonaba diferente, menos dura.

—¿Cómo conseguiste mi número?

—Investigué, ¿recuerdas?

—Claro, por supuesto que investigaste.

—No te llamo para molestarte, solo para confirmar que sabes dónde es el café.

—Lo sé.

—Bien, estaré allí a las doce en punto.

—No he dicho que vaya a ir.

—No, pero sé que irás.

—¿Por qué?

—Porque eres una persona que no se rinde, y si no aceptas este trato, tu estudio cerrará, y una persona que no se rinde no deja que eso pase.

—Eso es manipulador.

—Es la verdad.

Colgó, pasé las siguientes tres horas mirando el techo de mi habitación.

Mi estudio, mi cámara, mis sueños, todo a punto de desaparecer.

A las once y media, me puse los zapatos, entré al café. Andrés ya estaba allí.

Traje oscuro, una taza de café, y con una carpeta sobre la mesa.

—Llegas temprano —dijo.

—Tú también.

Me señaló la silla frente a él, me senté.

—¿Has pensado en mi propuesta? —preguntó.

—Sí.

—¿Y?

—Tengo preguntas.

—Adelante.

—¿Por qué un año?

—Mi abuela tiene seis meses de vida, según los médicos, pero quiero estar seguro, un año es el tiempo que necesito para que todo esté en orden.

—¿Orden?

—Para que mi familia no se desmorone después de que ella muera.

—¿Y qué tiene que ver una novia falsa con eso?

Andrés apoyó los codos sobre la mesa.

—Mi abuela es la única persona que mantiene unida a esta familia, cuando ella muera, todo explotará. Pero si antes de morir me ve feliz, comprometido, con una mujer que me quiera, quizás eso sea suficiente para que los demás crean que todo está bien.

—Pero no está bien.

—No, y por eso necesito que actúes como si lo estuviera.

—No sé actuar.

—Claro que sabes, eres fotógrafa, además capturas emociones, sabes cómo se ve la felicidad y cómo se ve el amor.

—Saber cómo se ve no significa saber cómo fingirlo.

Andrés sonrió.

—Eso es cierto, pero tienes un año para aprender.

—¿Y si no puedo?

—Entonces el contrato se rompe y tendrás que devolver el dinero.

—¿El dinero que aún no he recibido?

—El dinero que firmes hoy.

Abrí la carpeta.

Había un contrato de diez páginas, lo leí con cuidado.

Cláusula por cláusula.

Cláusula 1: Paula Reyes acepta fingir ser la pareja de Andrés Córdova durante un período de doce meses.

Cláusula 2: Durante ese tiempo, vivirá en la mansión familiar de los Córdova.

Cláusula 3: Asistirá a todos los eventos familiares y sociales que Andrés considere necesarios.

Cláusula 4: No podrá mantener relaciones románticas con otras personas.

Cláusula 5: No podrá preguntar sobre la desaparición de Álvaro Córdova.

Cláusula 6: El acuerdo terminará automáticamente al cumplirse el año.

Cláusula 7: Si Paula rompe el acuerdo antes de tiempo, deberá devolver el total del dinero recibido.

—Esto es una cárcel —dije.

—Es un contrato, tú decides.

—¿Y qué pasa con mi estudio? ¿Puedo seguir trabajando?

—Sí, pero con discreción, no quiero que los medios relacionen tu nombre con el escándalo de la boda.

—¿Escándalo? Tu hermano huyó, eso no es un escándalo, es una desgracia.

Andrés apretó la mandíbula.

—Mi hermano no huyó.

—Entonces, ¿qué pasó?

—Eso no es parte del trato.

—Ya lo sé, pero tú sabes algo y no me lo estás diciendo.

—No... No te lo estoy diciendo y nunca te lo diré.

—¿Por qué?

—Porque si te lo digo, no aceptarás.

—¿Y si no acepto, qué?

—Tu estudio cierra.

La verdad duele más cuando es dicha con calma.

—¿Qué pasa si digo que sí? —pregunté.

—Entonces tu estudio sobrevive, tú también y yo tengo un año para mantener a mi familia unida.

—¿Y el amor? ¿Dónde queda eso?

Andrés me miró con sorpresa.

—No me digas que crees en el amor.

—No. Pero creo en la honestidad y esto no lo es.

—Es un trato y los tratos no necesitan honestidad, sino cumplimiento.

—¿Y si me enamoro de ti?

Él soltó una risa corta.

—No te enamorarás de mí.

—¿Por qué estás tan seguro?

—Porque soy frío, porque soy calculador, porque no soy el tipo de hombre del que una mujer se enamora.

—Eso es lo que tú crees.

—Es lo que sé.

Lo miré en silencio y entonces, por primera vez desde que entré al café, sentí algo que no esperaba sentir.

Curiosidad, ganas de descubrir qué había detrás de esa máscara, también de saber por qué un hombre tan seguro de sí mismo hablaba del amor como si fuera una enfermedad.

—Acepto —dije.

Andrés no se sorprendió.

—Bien, firma aquí.

Me pasó el bolígrafo, lo sostuve entre mis dedos, un año, doce meses, trescientos sesenta y cinco días. Fingir ser feliz, estar enamorada y que todo estaba bien.

—¿Y si alguien descubre la verdad? —pregunté.

—No lo harán.

—¿Por qué?

—Porque seremos tan convincentes que ni nosotros mismos lo dudaremos.

Firmé, Andrés guardó el contrato, justo cuando iba a decir algo, su teléfono sonó, respondió, su cara cambió.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Mi abuela ha despertado, quiere conocerte.

—¿Ya?

—Sí, ahora.

—Pero si acabamos de firmar.

—Alguien nos ha visto y le ha dicho que tengo novia.

—¿Quién?

Andrés me miró y vi algo en sus ojos, al mismísimo miedo.

—No lo sé, pero alguien nos está vigilando.

Se levantó y yo, con el contrato aún caliente entre mis manos, supe que acababa de entrar en un juego mucho más peligroso de lo que había imaginado.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP