Capítulo 28

No escucho el aire acondicionado.

No escucho mi propia respiración.

Solo esas palabras repitiéndose en mi cabeza.

Siempre.

Enamorado.

De mí.

Lo miro.

De verdad lo miro.

Como si fuera la primera vez.

Su mano aún sujeta mi brazo, pero ya no con fuerza. Ahora es distinto. Es casi como si temiera que me desvaneciera.

—¿Qué… has dicho? —mi voz no suena como la mía.

Daniel traga saliva.

Por primera vez desde que lo conozco, parece vulnerable.

Real
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