La puerta de la mansión se abrió y Hellen cruzó el umbral con una mezcla de nervios y emoción. Nicolás, a su lado, cargaba con delicadeza a uno de los bebés mientras los otros dos dormían en sus cunas móviles, empujadas con suavidad por Michael y Cecilia.
Una gran sorpresa la aguardaba.
Globos, guirnaldas y una enorme mesa repleta de platillos caseros decoraban el amplio salón principal. Los aromas de comida recién hecha flotaban en el aire, mezclándose con risas, música suave y conversaciones