Hellen estaba sentada cómodamente en el sofá, con la laptop sobre sus piernas. Revisaba informes y documentos mientras, de reojo, observaba a Nicolás alimentar a los trillizos. Su esposo sonreía con dulzura, dedicando caricias y palabras suaves a cada pequeño mientras les daba de comer con paciencia infinita.
La escena era enternecedora, de esas que se graban en el alma.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Hellen.
Él era el mejor padre… y el mejor hombre.
En realidad, a su lado se sentía ple