Esa mañana, la mansión Lancaster amaneció con una extraña calma. A pesar de las noticias que seguían circulando por redes sociales, en la casa todo parecía en pausa, como si aguardaran el siguiente movimiento.
Katerin, sin embargo, no pensaba quedarse quieta.
Había pasado gran parte de la noche cavilando. Su plan no estaba muerto, pero sí debilitado. Necesitaba tomar el control de la narrativa y, para eso, debía enfrentarse directamente a quien representaba su mayor obstáculo: Hellen.
No había