Nicolás caminaba de un lado a otro en la sala de espera, con las manos metidas en los bolsillos y una expresión de pura irritación en el rostro. Julio, en cambio, permanecía sentado, fingiendo total tranquilidad, observando el espectáculo con una mezcla de aburrimiento, diversión y molestia.
—¿Puedes sentarte? Me estás mareando —murmuró Julio, sin siquiera mirarlo.
Nicolás no respondió. Estaba demasiado ocupado, reprimiendo la mezcla de emociones que lo asaltaban. Por un lado, sentía una preoc