Unos golpecitos suaves en la puerta rompieron el frágil silencio.
Una enfermera de edad mediana, con rostro amable pero eficiente, entró empujando un carrito con toallas, agua tibia y suministros médicos.
—Buenas noches —dijo en voz baja—. Lamento molestar, pero es necesario hacer el cambio de sábanas, realizar el aseo y revisar la sonda vesical.
La palabra "sonda" golpeó a Adeline como una bofetada... Vi cómo su cuerpo se tensaba. Sus ojos, que apenas habían recuperado el brillo, se llenar