Escuché el clic de la puerta del baño y el vapor comenzó a filtrarse en la habitación. Jasper salió secándose el cabello con una toalla, pero su mirada, siempre alerta, se clavó en mí antes de que pudiera ocultar por completo el rastro de mis lágrimas. Se acercó con esa calma depredadora que ahora, después de leer la carta de Aurora, me resultaba aterradora.
—¿Cariño? ¿Estás bien? —Me tomó por la mejilla, obligándome a sostenerle la mirada.
Traté de reaccionar, pero mi cuerpo se sentía pesado,