—Tienes razón, es una pena que ya no estemos igual que la última vez —dijo Jasper, rompiendo el silencio con una voz cargada de una ironía mordaz—. Recuerdo que en aquella ocasión ella me olvidó... y ahora, parece que ha sido al revés. Qué irónica es la vida, ¿no crees?
Damián apretó los puños. Lo noté de inmediato cuando bajé la mirada hacia sus nudillos, que se habían tornado blancos bajo la luz fluorescente del hospital. La rabia de Damián era una marea contenida, pero sus palabras salieron