Llegamos a la casa de los Carson. Sabía que ese era mi apellido original, pero ver el lugar donde supuestamente crecí me heló la sangre. La estructura se alzaba solitaria, rodeada de una maleza que empezaba a devorar las paredes, como si nadie la hubiera habitado en mucho tiempo. Quizás años.
—¿Está sola? —pregunté en un susurro mientras bajábamos del auto, sintiendo que el silencio del barrio me oprimía el pecho.
—Tu familia se mudó —respondió Damián, observando la fachada con una mezcla de re