—Dime... ¿Ganaba algo con hacer todo eso? —preguntó Damián, y su voz, siempre tan firme y segura, se quebró por completo.
Una lágrima solitaria se asomó por su mejilla y se deslizó lentamente. Me quedé helada. Era la primera vez que lo veía en este estado; él, que siempre había mantenido la calma, la serenidad y esa distancia protectora, ahora se desmoronaba frente a mí.
—Cierto que nunca gané nada, ¿cierto? —continuó con una amargura que me desgarró el pecho—. Jasper ganó, y lo acepto. ¿Por qu