Valentino dejó la jeringa sobre una bandeja metálica, pero no para rendirse, sino para preparar el escenario de su "obra maestra". Se posicionó detrás de la cabecera de la cama y sacó unas correas de cuero grueso, oscurecidas por el tiempo y el uso.
—Quieta, Adeline. Esto solo es para asegurar la precisión —dijo con una voz monótona, casi técnica.
Con una fuerza sorprendente, pasó la primera cinta sobre la frente de Adeline y otra bajo su mentón, ajustándolas a los rieles de hierro. La presión