Narrado por Brienna
La nueva vida era reciente, tan reciente que aún me costaba responder cuando alguien me llamaba por Amahia, el nombre saliendo torpe de mi boca como si perteneciera a otra persona, una que no tenía marcas en el cuello ni recuerdos de una cabaña en la montaña donde todo se había roto.
Me estaba acostumbrando a decirlo, a repetírmelo en el espejo por las mañanas mientras me cepillaba el cabello, a firmar con él los recibos de la floristería, pero cada vez que lo hacía sentía un vacío en el estómago, porque era el precio por estar a salvo, lejos de Lucan, lejos de esa marca que ya no sentía pero que había cambiado todo, lejos de la vida que conocía, de la oficina, de las reuniones donde fingía ser beta y él me miraba como si supiera algo que yo ocultaba.
Nadie me conocía aquí, en este pueblo perdido al sur donde el aire olía a tierra húmeda y flores cortadas, y eso era lo que había pedido, anonimato, pero por las noches lloraba, lloraba hasta que el llanto me agotaba y