Narrado por Brienna
La tormenta llevaba dos días rugiendo afuera, el viento aullando contra las ventanas de la cabaña como si quisiera entrar y llevarse todo lo que habíamos construido en esas horas eternas, y yo llevaba todo ese tiempo encamada con Lucan, el alfa que había roto mis barreras sin que pudiera hacer nada para detenerlo, o tal vez sin quererlo de verdad. Sabía que los días pasaban porque él me alimentaba con esa paciencia que contrastaba con la furia de nuestros encuentros, trayendo platos humeantes a la cama o a la mesa del rincón, su mano rozando la mía al pasarme el tenedor, y yo comía mecánicamente, el cuerpo exhausto pero hambriento de más que solo comida, porque el celo que pensé que disminuiría después de esa primera vez brutal solo se había intensificado, volviéndose un pulso constante en mi vientre que me hacía apretar los muslos incluso mientras masticaba. Era la primera vez que pasaba mi celo de manera natural, sin los supresores que había usado durante años p