Sólo una respuesta...
—¿Qué dijo? —preguntó Annie, aturdida.
Thomas guardó silencio por un segundo. Se acercó a ella y colocó su mano en su brazo, la miró fijamente y redirigió la pregunta.
—¿Aceptas casarte conmigo?
Annie abrió los ojos para cerciorarse de que estaba despierta y que aquello no era un sueño. Había escuchado perfectamente esa propuesta.
Permaneció paralizada, sintiendo cómo la tibieza de sus dedos rodeando su brazo disipaba de golpe el frío que la humedad de su vestimenta le provocaba.
—Pe… p