Capítulo ocho 8

Ava al ver que él había terminado de comer, expresó.

—Ve a descansar, yo me encargo de lavar los platos —bostezó mientras se cubría la boca con una mano. Luego añadió con suavidad—: Mañana no te vayas sin desayunar, por favor.

—Está bien, gracias por la comida. Que descanses —dijo mientras se levantaba de la mesa y se dirigía al sofá. Apoyó la cabeza en la almohada y, casi al instante, el sueño lo venció.

A la mañana siguiente, Dante despertó con un olor delicioso invadiendo sus fosas nasales.
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