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Sara sintió un ligero escalofrío a pesar de su grueso abrigo acolchado al salir. Simon llamó a su chófer, pero ella no temblaba de frío; era un escalofrío de anticipación. Porque desde esa mañana, y su breve y dolorosa declaración de que estaba bien tener sexo, algo intenso y tangible había estado latente entre ellos. Sara estaba confundida sobre cómo se desarrollarían las cosas en general con esta relación, pero de una cosa estaba segura: el deseo de Simon por ella era finito, y pronto —en cuan