No es que una lata de Coca-Cola Diet de doce onzas fuera a marcar una gran diferencia. No, si de verdad quería refrescarse, más le valía bajar a la librería e intentar avanzar algo de trabajo en el portátil. Al menos en la librería había aire acondicionado. Y hasta había comida en la sala de descansos y una cafetera como Dios manda.
Se quedó allí de pie durante un rato, debatida entre la decisión de quedarse en casa y seguir con su libro o irse a trabajar. Finalmente decidió lo primero. Al fin