Una semana de silencio se convirtió en un instante en un caos. Parecía que hubiera durado toda una vida, dada la rapidez con la que todo se desarrolló. Sin romper el contacto, Simon levantó a Sara de su asiento y la condujo hasta el mullido sofá que tenían detrás. Separó sus labios de los de ella, y Sara lo siguió un instante, como si se resistiera a romper siquiera ese contacto. La recostó suavemente sobre los enormes cojines, con delicadeza y reverencia.
Se quitó el suéter, dejando al descubi