Mundo ficciónIniciar sesiónAdrien.
Aterrado me recosté sobre el asiento rígido del aeropuerto, el metal frío de la estructura me atravesaba la espalda y perforaba mis huesos.
Por más que le prometí a Camelia descansar esta noche y regresar en la mañana con calma, no podía hacerlo. El silencio del teléfono se alargaba como una cuerda tensa. Nadie sabía de ella. Y lo poco que supimos, fue que estaba enferma, con una infecció







