Este día era el conductor designado, de modo que no debía beber ni un solo maldito trago. El problema es que ya me había tomado seis y no me sentía nada bien. Aparte tenía un dolor extraño en el pecho. De repente, me sentí intranquilo. No es que estuviera borracho. Era mi estómago. Lo tenía revuelto, no aguantaba los retorcijones.
—¿Te sientes bien, Joaquín? —me preguntó Vivian.
—No, me duele el estómago. Voy al baño. Permiso.
—Quedamos en que no ibas a tomar hoy. Ya estás borracho. ¿Ahora quié