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Antes de salir a casa de Mía, escucho el timbre de la puerta, esperaba que fuera Lara o cualquier otra persona conocida, menos las que están enfrente de mí. Es como revivir una pesadilla. He soñado con esto durante tres años, el día que tendría que rendir cuentas, y ha llegado.
Ya no hay nada que esconder ni que negar; las cartas están sobre la mesa, sin máscaras ni mentiras. Pasan por la puerta como perros por su casa. Los dos van vestidos con trajes negros, impecables y finos. El poder em