JOAQUÍN
La mandíbula de Mía se tensa por el comentario cargado de doble sentido.
—No, no sé, por eso te pregunto.
—Soda, si tienes. Con limón. Gracias —aclara Vivian, y toma asiento en mi sillón. ¡Se va a poner cómoda la muy descarada!
—¿Y tú, amor, qué…?
—No quiero nada —me interrumpe Mía.
Sí, confirmado: está cabreada.
Voy a la cocina y dejo a estas dos mujeres solas en la sala, aunque me preocupa lo que Vivian pueda decirle. Ella puede ser una auténtica zorra si se lo propone. Por eso preparo