Se bebió otro sorbo de su bebida para bajar el nudo en su garganta.
Darío la quería muerta, eso lo sabía, él se lo había dicho antes de marcharse.
—Cómo puedes ser tan malo, me equivoqué y lo admito, pero estoy tratando de arreglar las cosas por el bien de ambos.
A Darío no le importaba lo que sucediera con Patricia o su marido.
—Te pidió que vinieras, no es verdad, acaso tiene miedo de mí.
Patricia estaba allí por sí misma. Después de la decisión del anciano, estaba preocupada por el futuro de