Darío estaba completamente distraído, seguía sin entender qué debía de hacer; esa mañana su esposa ni siquiera le había dirigido la palabra.
Se había arreglado ella, tampoco alzó a mirarlo, no sabía si estaba molesta o simplemente no quería hablar con él.
—¿Sigues pensando en ella?
—Vas a empezar a molestarme de nuevo.
Levantó la mirada y observó la hermosa orquídea en la mano de su asistente.
—De nada, aquí está el regalo perfecto. Gracias a su prima, me di cuenta de que le fascinan las orquíd