Darío observó a su esposa tomar una botella completa de whisky, quería detenerla, pero se daba cuenta de que solo estaba tratando de olvidar y de tener algo de paz.
—Fui una tonta, estaba ciega —sollozo la joven —hice hasta lo imposible para mantener mi matrimonio, era amorosa, atenta, para recibir algo como esto a cambio.
Darío no soportaba verla llorar y menos por el imbécil de su sobrino.
—Ese idiota no merece ninguna de tus lágrimas.
—Duele —respondió —duele dar todo y que te paguen de