Darío ingresó a la mansión de la familia Clark, ignorando los gritos del guardia en la puerta. Sus hombres lo seguían de cerca, y nadie se atrevió a detenerlo.
Patricia bajó las escaleras al escuchar el alboroto en la planta baja.
Se llevó tremenda sorpresa al observar a Darío en el lugar. Una sonrisa asomó en sus labios, pensó que había ido en su rescate.
Pero solo era parte de una fantasía en su cabeza; la realidad era otra.
—Viniste por mí, no tienes idea lo feliz que me haces.
Patricia corr