Gabriela estaba molesta, la muerte de su prima era como una herida abierta en su pecho.
No podía aceptar que estaba muerta, quizás solo se trataba de una horrible mentira.
Ingresó a la mansión de su tía; debía de hablar con ella. Patricia estaba haciendo cosas que avergonzaban a la familia.
No respetaba la memoria de su difunta prima, era una de desvergonzada.
Observó a la mujer en la sala de estar leyendo un diario, al verla le mostró una sonrisa y la invitó a tomar asiento.
—Tía, vin