Patricia empezó a caminar sin rumbo nuevamente, tomó su celular y marcó el número de su antigua amiga.
—¿Patricia, estás bien? —escuchó la voz preocupada de la joven.
—En realidad no lo estoy —respondió con sinceridad.
—No vemos en el lugar de siempre en media hora.
Continuó caminando, su corazón dolía de manera inexplicable, había llamado a su madre, pero ella le dejó muy en claro que no quería volver a verla.
No le perdonaba la muerte de su hermano, incluso a ella misma le costaba perdonarse