—¡Cómo puedes decir una estupidez como esa! Acaso quieres terminar en la cárcel, sé muchos secretos tuyos, mi vida, a mí no puedes amenazarme, lo olvidas.
Pablo miró a su amada esposa; ella no sabía de lo que él era capaz o simplemente intentaba ignorarlo.
—Te utilicé para llegar a donde estoy. Si hablas, venderé este video al mejor postor. ¿Lo recuerdas? Cuando asesinaste a varios de los empleados de Sofía, por puro placer, no me hagas hundirte conmigo.
Patricia se limpió las lágrimas, estaba