Alessia Vittoria Bellerose
El tiempo no sana, solo enseña a caminar con la herida abierta.
Pasan semanas desde aquella mañana en que Dante y yo decidimos ir tras la tumba de mi padre. Semanas de búsquedas, de archivos incompletos, de mensajes que llegan cuando menos los esperamos, de miradas cargadas en la mesa familiar, de Isadora caminando por mi casa con sonrisa de novia perfecta y veneno escondido bajo la lengua.
La mansión Bellerose se convierte en un tablero. Mi madre finge calma, Lorenzo