Dante Salvatore Valcárcel
Hay cosas que un hombre como yo no delega, una deuda grande, una traición, un mensaje que debe escribirse con sangre.
Por eso estoy en el muelle a las tres de la madrugada, con el viento helado golpeándome el rostro y el olor a sal, gasolina y las pelotas congelas de tanto pensar en Alessia.
Rocco camina a mi lado.
—Lo tenemos en el almacén tres.
Asiento sin detenerme, Santino Greco.
El hombre que vendió una de mis rutas a Nero Altieri. El perro que se sentó en mi mesa