Dante Salvatore Valcárcel
Me gustaría creerle.
No lo hago.
Las mujeres como Alessia pueden decir “nunca” con la boca, pero su cuerpo acaba de decirme otra cosa.
Y el mío respondió como un maldito traidor.
Subo al auto.
Rocco se sienta adelante y hace una llamada en voz baja. Yo saco el teléfono, pero no marco. Solo miro la pantalla oscura.
Podría escribirle.
Podría enviarle una frase que la haga temblar de rabia. Algo sobre su vestido. Sobre su boca. Sobre lo poco convincente que sonó cuando me