—No digo que vayas a pasar el rato conmigo —aclaró Danilo, imaginando que la confusión en el rostro de la joven era por lo inusual de recibir una invitación a salir del país de un apenas conocido—, yo solo iré a alcanzar a mi abuela a su casa en la playa, así que puedes ir a acompañarla y a sanar lo que sea que te esté matando. Es más, espera, no me digas nada a mí, estoy segura de que la abuela Sofía estará encantada de recibirte, dame medio minuto y lo verás.
Acto seguido, Danilo tomó su telé