El motor del auto rugía mientras avanzaba por las calles desiertas de la ciudad. Valeria estaba sentada en el asiento trasero, con las manos apretadas sobre su regazo. Leonardo estaba a su lado, con el rostro iluminado por la tenue luz de la pantalla de su teléfono. Estaba enviando mensajes, dando órdenes, su expresión tensa pero controlada.
—¿Qué sabemos? —preguntó Valeria, rompiendo el silencio.
Leonardo levantó la vista hacia ella. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad que la hizo es