Vyan la miró, observando cómo Valeria luchaba por mantener la calma. Esa lucha le interesaba; si su hermano estaba atraído por ella, quería saber qué era lo que tenía esa abogada que lo mantenía cerca. Con un movimiento ágil, Vyan apagó el cigarro en el florero y se metió las manos en los bolsillos, observándola como si fuera una presa cautiva. Sus ojos se oscurecieron, y Valeria sintió como si su mirada pudiera quemar su piel.
—Lo que sea necesario para protegerlo —dijo Vyan, su tono serio—. P