VERONICA
Sentada en la parte delantera del auto de mi jefe, miré la puerta de mi casa y suspiré, tomando fuerzas para ingresar. Bruno, mi jefe, notó mi nerviosismo y me preguntó:
—¿Te noto muy nerviosa, Verónica? ¿Todo bien?
Me tomé un momento para responder, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Mi familia no es para nada fácil —le dije finalmente—. Hay ciertas... dinámicas que pueden ser un poco complicadas.
Bruno me sonrió y me puso una mano en el hombro.
—No debes preocuparte por es