VERONICA
—Yo sé que estás ahí —dijo Jack, golpeando más fuerte en la puerta—. ¡Ábreme!
—Vete —le dije, sin abrirle la puerta—. Yo no tengo absolutamente nada que hablar contigo.
Le grite, esperando que tuviera madurez y se fuera porque me parecia un insulto su visita.
—No me voy a mover de aquí hasta que no hablemos —dijo Jack, con una voz firme y amenazante.
—No tenemos nada de qué hablar —le dije—. No sé qué haces aquí. Vete. O si no, voy a llamar a seguridad.
Jack se rió.
—Pues si no lo hace