VERONICA
El moretón en mi mejilla era un recordatorio constante de lo que había sucedido.
Bruno se sentó a mi lado, su expresión seria y preocupada. Me tomó la mano, y yo sentí un escalofrío en mi espalda.
—¿Qué te pasó en la cara? —preguntó, su voz baja y firme.
Me encogí de hombros, intentando minimizar la situación.
—Nada, no pasó nada —respondí, mi voz débil y poco convincente.
Bruno me miró fijamente, su expresión escéptica.
—No me mientas, Verónica —dijo, su tono de voz subiendo ligeramen