VERONICA
El sonido de mi teléfono me sacó de mi estado de semi-sueño. Mi cabeza dolía y mi cuerpo estaba cansado después de una noche sin dormir. Miré el reloj y vi que era sábado, mi día de descanso. ¿Quién podría estar llamándome a esta hora?
Tomé el teléfono sin mirar quién era y contesté con un tono de voz algo irritado.
—¿Sí?
—Hola, mi amor —escuché la voz de mi mamá al otro lado de la línea—. ¿Cómo estás?
Mi culpa se activó al escuchar su voz. No quería parecer descortés.
—Hola, mamá —le