Dos días más tarde, Olivia seguía sin poder olvidarse de la forma en la que Erick le había hecho el amor. Porque sí, aunque una parte de ella temía a la verdad, de nada servía negar lo que era más que evidente: el hombre con el que se había casado por fin se había atrevido a llevar el sexo a un punto mucho más personal, mucho más íntimo, regalándole a ella una experiencia maravillosa que no solo la había dejado por las nubes, sino que también la había llenado de incertidumbre y confusión, pues